Strawberry Mansion: La importancia de soñar en un mundo gris
¿Os imagináis un mundo en el que el Estado recauda impuestos a base de controlar los sueños de la gente? Esta locura de premisa pertenece a la peli Strawberry Mansion, la cuál es una de mis películas favoritas de lo que llevamos de década, y una de las películas más únicas, peculiares y extrañas de los últimos tiempos.
No conocía en absoluto el trabajo de Kentucker Audley y Albert Birney, los cuales tienen una película anterior llamada Sylvio, que no he visto y tiene una pinta estupenda (Birney tiene película en solitario llamada Obex, que tampoco me he visto). Tras este reciente descubrimiento, quedar estar al pendiente de los nuevos proyectos que se traigan entre manos estos dos.
Siendo además dos cineastas que vienen del Indie, la peli tiene una de esas cosas que me encantan a mí particularmente: Aprovechar lo máximo posible lo que te proporciona un bajo presupuesto. En concreto, sus alrededor de 200.00 dólares no impiden a la cinta hacer gala de un apartado visual, una imaginación y un uso del analógico fenomenales. Una de las razones por las que más me fascina el cine fantástico con presupuestos más ajustados.
Así pues, aprovechando la ya citada premisa básica, el filme os lleva por un viaje repleto de psicodelia, onirismo y creatividad que nos habla de la importancia de la imaginación y de los sueños en un mundo en el que se mide, se cuantifica y hasta se tasa con impuestos lo que piensas y recuerdas con el objetivo de controlar tu imaginación y no dejarte ver más allá. Y, aparte de la más que obvia metáfora relacionada con las sociedades de control actuales, en mi caso también establezco otra relacionada con la necesidad de exposición e incluso monetización de muchos hobbies en la actualidad, convertidos extrañamente en trabajos rutinarios incluso para aquellos que no se dedican realmente a ellos.
Por otra parte, estamos ante una película muy onírica, muy libre que abraza totalmente el surrealismo sin entrar del todo en terrenos kafkianos, sino abrazando mucho más la fantasía y un ideario visual tremendamente freak. Y, en todo esto, tiene una importancia vital la identidad visual, que proyecta imágenes llenas de imaginación e inventiva, con un uso del color muy vivo y diverso, un acabado analógico que le da mucha naturalidad y una banda sonora tremendamente envolvente que sabe meterte perfectamente en la atmósfera de la película.
Las influencias del cine de Terry Gilliam, del lado más surrealista y soñador de Lynch, de los high concepts de Spike Jonze, Charlie Kaufman y Michel Gondry, de la fantasía clásica e incluso de Ray Harryhausen moldean la personalidad de una peli con una idiosincrasia tremendamente única y particular.
Pero lo que más me sorprende... es el corazón que posee. Generalmente, muchas películas que me encuentro de este estilo suelen tener una naturaleza más nihilista y pesimista, mientras que aquí hay lugar para un mensaje bastante esperanzador y soñador (abrazando precisamente la premisa de la peli) y también hay lugar para momentos donde la ternura y el amor se abren paso, sin perder la mordacidad y la crítica que caracterizan al filme.
En definitiva, Strawberry Mansion posee un mensaje que resuena perfectamente en los tiempos que vivimos y una gran capacidad para llevarte por un tripi sensorial de mucho cuidado, a la vez que es capaz de sorprender por su gran corazón y su destreza para emocionar.




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